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6 dic. 2012

Devenir de la vida

Hay un momento en la vida de toda persona en la que se pregunta quién es y qué está haciendo con su vida. La resupuesta nunca es sencilla, algunas veces basta con ignorar ese pequeño interrogante y seguir adelante sin darle importancia, pero en ocasiones la vocecilla interior nos insta a descubrirlo y ese camino nos lleva con mucha frecuencia a la frustración o la infelicidad.

¿Quién soy? ¿Qué hago aquí? ¿Cuál es mi cometido en esta vida?

Preguntas sencillas de esquivas respuestas. No basta que te respondas "soy María, vivo aquí y trabajo de dependienta" pues esta respuesta no te identifica en absoluto. Tú sabes que eres algo más, algo intangible, eres tus pensamientos, muchos de ellos contradictorios, eres imprevisible. Ya no recuerdas aquel sueño que tuviste en la infancia, deseabas ser astronauta, o actor, o cantante, o médico. La vida te llevó por otro camino, la economía familiar no te permitió seguir tu sueño y éste se fue apagando poco a poco hasta que sus susurros no fueron audibles.

Seguramente ahora estarás pensando "era un sueño infantil e inmaduro, era imposible que llegase a dedicarme a eso" pero te estarás engañando. Nadie más que tú sabe que has llegado a este mundo con un motivo, aunque no sepas cual. La vida va dejándote pistas y de ti depende interpretarlas de forma adecuada para conseguir realizar tu espíritu. Has llegado a este mundo con una serie de aptitudes (dibujar, escribir, pintar, gobernar, operar, construir, inspeccionar...) y sólo de ti depende desarrollarlas para conseguir la paz interior, esa que llega cuando te sientes realizado por hacer algo con lo que realmente te sientes a gusto.

La vida es un pequeño espacio de tiempo, el margen de errores es limitado y debes elegir con cuidado tus opciones. A veces debes renunciar a lo que te gusta por sobrevivir, otras veces has de arriesgarlo en un todo o nada con aquello que realmente te apasiona. Las decisiones siempre serán tuyas y de ellas dependerá que consigas la realización para que un día, cuando la vejez se haya instalado en tu cuerpo y las arrugas enmarquen tu rostro, te mires al espejo y comprendas que tu vida ha tenido significado para ti, y que todos los obstáculos que sorteaste merecieron la pena.

20 nov. 2012

Baile de Sombras

Del mismo modo en que las estrellas iluminan el firmamento durante la noche,
las sombras ciernen su negrura sobre la luminosidad del día,
generando así el equilibrio entre Luz y Oscuridad.




Extracto de "Baile de Sombras"
Próximamente en tu librería

13 nov. 2012

Cuando un libro termina

Las ideas vuelan por la cabeza del escritor, a veces sin sentido del tiempo o el espacio, pero claramente decididas a ser plasmadas en palabras. Pasa mucho tiempo hasta que el escritor se decide a escribir sobre esa idea, a veces por miedo, otras por no estar a la altura de sus propias expectativas, y en algunas ocasiones porque la idea sigue sin estar demasiado clara en su cabeza. El instante en que comienza la primera frase suele ser decisivo. Quiere plasmarlo como lo siente, quiere emocionar y conectar al lector con la historia, quiere involucrarse él mismo y sufrir o reír con los personajes que poco a poco van tomando forma. Y así, el reto de la novela comienza.

 Cuando las páginas vuelan, la mente del escritor se desvanece, y sólo es capaz de imaginar qué ocurrirá a continuación como si él mismo lo estuviese viviendo, cuando siente el peligro del personaje, sus dedos vuelan escribiendo las palabras que transmitan esa sensación, cuando está contento, sonríe al presionar las teclas. Como si su propia vida se hubiese desvanecido, se entrega completamente a su escrito, y el tiempo a su alrededor parece desaparecer. El libro va tomando forma.

Y entonces, cuando más involucrado está con la historia, cuando sus sentimientos están tan conectados a los de los personajes que ya ni siquiera puede hayarse a sí mismo, el autor debe terminar la historia. ¿Cómo poner el punto y final a una novela? Después de superar todos los obstáculos que encontró en su camino, después de haber perdido la noción del tiempo y el espacio a su alrededor, después de sufrir y luchar con los persojanes para conseguir superar las adversidades... ¿Cómo decirle adiós a ese mundo inventado que tanto le ha llenado, que tantas aventuras le ha hecho vivir?

Cuando el autor escribe la última frase, lo hace con tristeza. Observa el último punto y el resto de la página en blanco, sabiendo que no será llenada. La historia terminó, y para bien o para mal, los personajes vuelven a quedar prisioneros entre las hojas de la novela. Una sensación de vacío inunda el interior del escritor al saber que la aventura que creó ya ha terminado. Las posibilidades casi ilimitadas que tuvo en su pensamiento ahora quedan confinadas entre las páginas escritas.

Pero el autor no es egoísta. Algo en su interior lo empuja a que se lo lleve a sus amigos para que también ellos disfruten de las aventuras que él vivió con tanta intensidad con los personajes de la novela. Y así, la historia, vuelve a la vida de nuevo.

31 oct. 2012

Buenas Nuevas

Buenas nuevas para todos mis seguidores (¿he contado cuatro??) Acabo de comenzar con los trámites para la publicación de mi nueva novela EL BAILE DE LAS SOMBRAS (puede que aún modifique el título) Y en breve organizaré una presentación para la misma en REINOSA (cantabria) más adelante concretaré fecha y lugar, al que estaréis todos invitados, por supuesto. No obstante, para mis queridos amigos lejanos puedo guardar un ejemplar siempre y cuando se comprometan a adquirirlo, y se lo enviaré a casa en cuanto disponga de ellos.

Aprovecho la ocasión para daros las gracias a todos por vuestro apoyo, que me ha servido para dar el paso que necesitaba para seguir adelante en mis proyectos y poder materializarlos. Espero conservar vuestra amistad por muchos años más.

30 oct. 2012

La Saga Vanir

Buenas tardes, hoy me gustaría dar mi opinión acerca de la exitosa Saga Vanir que tantos fans ha conseguido, convirtiéndose en un best-seller.

Hacía tiempo que vi el primer libro de esta saga en una papelería cercana, y me llamó la atención la portada. En un principio, no me pareció demasiado interesante y dado que soy bastante reacia a comprar libros al tuntún, lo dejé correr. Sin embargo, recientemente oí hablar de ella con buenas críticas, busqué en internet y la gente estaba maravillada, encontré cientos de blogs dedicados a estos libros. Entonces, una amiga me recomendó que lo comprase, porque hacía alusión a la mitología nórdica y como yo estoy escribiendo un libro sobre eso, me dije ¿y por qué no? la información nueva siempre es bienvenida.

Me compré el primer libro el viernes pasado, y debo decir que me pareció un auténtico fiasco. A penas había llegado a la página 50 cuando me di cuenta de los valores equivocados que transmitía y de la poca calidad literaria que tenía, pero me convencí a mí misma que para criticar un libro, fuese cual fuera, había que leerlo al completo, y no juzgarlo por las primeras páginas, de modo que continué la lectura a regañadientes. No pude pasar de la página 200 por puro aburrimiento y discordia.

La Saga Vanir es un libro que narra con todo lujo de detalles la violación de la protagonista, en contra de su voluntad (evidentemente) y cómo a ella acaba gustándole esa violación. No es que sea una entendida en estos temas, pero podría asegurar que la gente que ha sido violada ha sufrido traumas, dolores insufribles etc, y por tanto me parece una irresponsabilidad por parte de la autora y de la editorial que lo editó dar a conocer en su libro que este acto es placentero. LA VIOLACIÓN NO ES UN ACTO SEXUAL, ES UN ACTO DE VIOLENCIA. Realmente me he sentido muy decepcionada de que tantas personas hablen a favor de este libro como si fuese algo tierno y hermoso, de que tanta y tanta gente lo haya comprado, seguramente muchas de esas personas sean adolescentes, tomando una idea errónea de lo que es el amor o el acto sexual.

Al márgen de esto, que ya es bastante preocupante de por sí, he acabado hasta las narices con su lectura por las interminables explicaciones que da la autora respecto a todo. En la narración me encontré con tres mil explicaciones sobre algo que se sobreentendía de sobra, y he llegado a la conclusión de que ella cree que el lector es estúpido. No, no lo es, el lector se entera perfectamente de lo que está pasando en el libro, no necesita que nadie dé trescientas explicaciones sobre un concepto fácil de asimilar,  y me parece insultante la manera en que la autora trata al lecto de idiota. Esto, en un primer momento, no es tan llamativo, se piensa "bah, a lo mejor la autora no estaba segura de que esto se entendiese bien" pero claro, cuando la misma historia se repite durante 200 páginas (es todo lo que he leído, repito) uno se acaba enfadando mucho.

Y para terminar de rematarlo, diré que yo compré el libro POR LA MITOLOGÍA NÓRDICA, para sacar ideas o conceptos que no hubiese visto en otras partes. Bueno, lo de que no lo había visto en ningún sitio, es cierto, porque retuerce tanto la mitología que al final ni se la reconoce. He investigado, poco, sobre la motología nórdica y he de decir que ni el Ragnarök era la guerra contra los humanos (es más, la palabra Ragnarök significa el ocaso de los dioses, es una batalla entre el Orden, que son los dioses y el Caos que son los gigantes, elfos oscuros y monstruos), ni Loki fue encerrado en el Valhalla (por favor, el Valhalla era el santuario a donde iban los caídos en batalla con honor, para esperar la llamada de Odín a sus filas) ni los Vanir eran succionadores de sangre, ni habían sido creados por los dioses (ellos por sí mismos eran dioses, los dioses de la naturaleza, otro panteón paralelo al de los Aesir)

Total, que compré un libro con ilusión, me dije "mira, una historia de amor entrelazada con la mitología nórdica, estupendo" y ha resultado ser una desesperante lectura que abarca la violencia sexual, erecciones varias, instintos sexuales descarrilados y todo ello agitado bien en un ambiente mitológico que poco tiene de nórdico, y que más se asemeja a una nueva alusión a crepúsculo, con sus lobos y sus vampiros, en versión porno.

Dicho queda y avisados están quienes aún no se lo hayan leído.

29 oct. 2012

Misión 3ª Parte




Sujetó con firmeza la pistola, encañonada directamente a la frente de Terry, cuyos ojos comenzaron a brillar tenuemente, debido a la sosa luz que inundaba la habitación del hotel. Una sonrisa comenzó a brotar en los labios de ella cuando su víctima elevó ambas manos al aire.
— No vas a poder cumplir tu misión, me temo—susurró ella con tono malvado.
— No importa que me mates, Sussan. Otro ocupará mi lugar—rebatió él, con voz fuerte, a pesar de que ella estaba segura de que se sentía más vulnerable que nunca.
— Tal vez la agencia deba desaparecer también.
De pronto, en los labios de Terry surgió una sonrisa imprecisa, y sus brazos cayeron inertes a los costados.
— ¿Vas a…?—balbuceó— Estás loca. No podrás con ellos.
Sussan amartilló el arma, callando de este modo el gorgojeo sin sentido que profería su antiguo compañero. Habían pasado demasiados años separados, y ya a penas una breve imagen atravesaba la mente de la sicaria de vez en cuando, atestiguando que había ocurrido realmente. Una imagen hermosa, a pesar de todo. Su primer asesinato.
Ella ni siquiera conocía el mundo de los asesinos a sueldo cuando le vio por primera vez, recostado sobre aquella esquina mohosa del barrio pobre, fumando un cigarrillo.
— ¿Por qué lloras?—le había preguntado él
Sussan enjugó sus lágrimas, contrariada por la curiosidad que aquel extraño hombre mostraba por ella, y tras echar un largo vistazo a su enorme y curtida figura, le contó que su novio le había sido infiel varias veces, y que no contento con eso, también había violado a unas cuantas mujeres que no quisieron cooperar.
Tras narrarle todo esto, Sussan se había echado a llorar sin tabúes, sintiéndose libre al fin de aquella pesada carga. El hombre la sostuvo entre sus brazos y la meció con su cuerpo durante unos instantes antes de hacerle la pregunta que cambió su vida para siempre.
— ¿Te gustaría matarle?
Ella se le quedó mirando, con las lágrimas en los ojos, preguntándose por primera vez quién era aquel hombre. Los ojos del muchacho brillaron intensos y azules, mientras se presentaba bajo el nombre de Terry. Y Sussan estrechó su mano, sin poder contener una sonrisa de júbilo.
Y allí estaba ahora, frente a ella, inerme y desarmado. Sus ojos denotaban el temor que residía tras ellos, un temor que Sussan sabía que jamás demostraría. Una media sonrisa curvó los labios de la chica, mientras la pistola descendía hasta el pecho del hombre.
— Siempre hicimos buena pareja, ¿no crees?
Terry observó los ojos de Sussan durante largo rato, y ella supo que jamás podría negarse a su proposición.



26 oct. 2012

Una Propuesta Editorial y la Mente del Autor Loco

Cuando me levanté ayer por la mañana, el cielo estaba azul, a pesar del frío que hacía en mi habitación. Con la mayor lentitud que pude, me despojé de las sábanas y me levanté de la cama, dispuesta a pasar un día como otro cualquiera (a lo cual habría que añadir el dolor de boca que tengo tras la extracción de la muela del juicio que me había estado dando el coñazo durante dos meses)

Sin mirar siquiera al cuenco del desayuno y haciendo caso omiso del impertinente clamor de mi estómago (no podía comer, el dolor era horroroso) cogí el portatil y me decidí a dar una vuelta, como cada mañana, por la Tertulia de El Placer de Escribir, para saludar a mis queridos compañeros de sueños. Tras espiar concienzúdamente todos los temas nuevos que ahora se debatían, y sin inmiscuirme entre ellos más que para dar signos de vida (más por vagancia que otra cosa) me decidí a abrir el correo electrónico, tal vez esperando algo de Spam, muchos correos basura y otros tantos que no me interesarían en absoluto.

Pero, para mi sorpresa, entre todos aquellos correos inservibles se había colado uno de Chiado Editorial, cosa que me confundió bastante, ya que no esperaba su respuesta hasta dentro de un par de semanas. Abrí el correo el último (generando expectativas) y casi me quedo seca en el sitio al comprobar que la valoración de mi manuscrito había sido positiva y me estaban haciendo una propuesta de publicación.

¿Hay algo más importante para un escritor que el hecho de que una editorial valore tu trabajo hasta tal punto de querer publicarlo SIN NINGÚN COSTE PARA TI? (tenía que remarcarlo ;P) Sin embargo, y a pesar de la presunta buena noticia, lo primero que se me pasó por la cabeza fue la palabra TIMO. Y es que yo soy así, desconfiada por naturaleza, ya me habían intentando engañar en un par de ocasiones, y casi me meto en un lío verdaderamente gordo cuando tenía menos experiencia (agradezco el apoyo de mis allegados al frenarme los pies en esa ocasión)

Pero, al márgen de timos y fraudes varios, he deducido tras largo divagar que también me atormenta el hecho de firmar con una editorial, sea cual sea... ¿tengo problemas para dejar que mis queridos escritos vuelen y conozcan el mundo? ¿tal vez me dan envidia? Sí... siempre he estado un poco loca.

Por la presente declaro que a partir de hoy nace una nueva Elena (o Hellen, según quien lo lea) dispuesta a indagar a fondo todas las posibilidades antes de autosabotearse y quedarse, de nuevo, sin nada.

17 oct. 2012

Misión 2ª Parte


Respiró hondo, deleitándose con la paz que inundaba su mente y colapsaba sus sentidos, comos si fuese una sensación única y difícil de conseguir. En cierto modo, así era. Después de tantos años, de tanto sufrimiento, al fin lo había conseguido.

A los pocos segundos, abrió los ojos y observó antes sí el mundo real de nuevo. Guardó el arma en la maleta, con sumo cuidado y descendió las escaleras de la iglesia con pasos firmes, aunque silenciosos. Una vez abajo, se detuvo. Había oído algo, estaba segura. Un único y sonoro paso cuyo sonido había retumbado levemente en toda la nave, un sonido casi imperceptible por su suavidad. Observó con precaución a su alrededor, mientras su melena ocultaba gran parte de su rostro. La iglesia estaba vacía.

Sujetó con decisión el maletín y notó cómo su brazo se tensaba ante el peso de éste. El sonido de sus pasos inundó la edificación de piedra hasta que se perdieron en la estridencia del exterior.

Tomó el primer taxi que se cruzó en su camino, y le dio el nombre del hotel al que se dirigía. El taxista metió la primera marcha a desgana y el coche salió runfando por la calle.

— Vaya día, ¿eh? A veces pienso que en esta ciudad nunca deja de llover.

Ella no contestó. No le interesaba en absoluto mantener una conversación innecesaria con una persona que no tenía relevancia para ella. Se limitó a observar con mirada de hielo los ojos del conductor, reflejados en el espejo retrovisor. Él la miraba a hurtadillas, los sentimientos del hombre quedaron claros para ella; confusión, enfado, y por último, el miedo. Una sonrisa comenzó a brotar en los labios de ella, y una sensación placentera inundó su mente en el mismo instante en que el taxista evitó su mirada.

De pronto, una nueva sensación inundó a la mujer, y su cuerpo se tensó al tiempo que sus ojos se abrían en exceso. Se movió con cuidado en el asiento trasero de aquel taxi maloliente y desgastado, acomodándose en él, y aprovechó para echar una mirada por la luna trasera. Un coche negro seguía la estela de su taxi, el conductor permanecía en la sombra.

De inmediato, ordenó al taxista que virara en el siguiente cruce. Éste obedeció sin mediar palabra, y la sicaria observó con recelo cómo el coche negro continuaba su camino, alejándose al fin de su taxi.

El taxi se detuvo frente al hotel Hopkins, y ella le pagó al instante, apeándose del vehículo con agilidad y elegancia. En el mostrador, una mujer rubia con una sonrisa exuberante la recibió. Dejó la maleta sobre el mostrador y le tendió un papel arrugado a la recepcionista.

— Vengo a recoger lo acordado—dijo, sin más.

— Encontrará un maletín sobre su cama, en la habitación trescientos tres. Disfrute de su estancia con nosotros—respondió la recepcionista, sin perder la sonrisa, mientras tomaba la maleta con dificultad y la depositaba bajo el mostrador. Tras esto, tendió una única llave sobre el mostrador, en cuya chapa figuraba el número trescientos tres.

El ascensor se detuvo en la tercera planta, y la mujer caminó sin prisa por el pasillo enmoquetado en rojo hasta llegar a la puerta de madera que la conduciría a la libertad.

Al entrar, una sensación cálida invadió su cuerpo y al fin notó su corazón palpitar. Se dirigió al cuarto de baño y salpicó su rostro varias veces con agua fría. El espejo frente a ella le devolvía la imagen de una mujer fría y calculadora, desgastada por los años. Sus pómulos sobresalían de su rostro con firmeza y sus ojos oscuros a penas mostraban vida en su interior. Sus labios blancos mostraban una máscara indisoluble de indiferencia.

Se acercó a la cama de matrimonio que ocupaba la mayor parte de la habitación, cubierta por un hermoso edredón blanco puro. Sobre éste se hallaba un pequeño maletín negro con cerrojos plateados. Introdujo la clave y los cerrojos se abrieron a la par.

Inspiró hondo antes de decidirse a abrirlo. “Todo ha terminado” pensó para sí, “Una vez más”.

Abrió el maletín. Sus ojos se quedaron fijos en su interior durante unos segundos, sin saber cómo debía reaccionar. Y, de pronto, lo comprendió todo.

El sonido de un arma cargada encañonada directamente en su sien a penas logró sorprenderla.

— Al fin te decides—susurró ella, esbozando media sonrisa.

— La calle es un lugar demasiado transitado. Los testigos nunca son buenos—respondió una voz de hombre a su espalda.

— No, no lo son.

— La Agencia te da las gracias por tus servicios y todo eso.

— Y vas a matarme, ¿sin más?—entonó ella con indiferencia.

— Ésas son mis órdenes.

Ella encogió los hombros y observó el único papel que había en el interior del maletín. Era un recorte de prensa, y había una foto de una mujer de mirada penetrante, portando una maleta alargada. Cerró el maletín sin miramientos y lo tendió a un lado de la cama. Se levantó del suelo con movimientos lentos, sintiendo la pistola rozando su nuca, y se dio la vuelta para sentarse en la cama, mientras el arma apuntaba esta vez su frente. Al otro lado de la misma se hallaba un hombre de unos 35 años, rubio. Lucía una barba clara de dos días y sus ojos azules traspasaban a la mujer. Entonces, ella sonrió.

— Después de todo lo que hemos pasado, Terry. Quién diría que serías tú quien acabaría con mi vida.

— Sólo compartimos una noche, nada más.

— ¿Realmente piensas eso?

Los ojos de Terry flojearon por un segundo, el segundo que ella necesitaba para arrebatarle el arma de las manos y cambiar las tornas.

15 oct. 2012

Divagaciones

El tiempo. Enemigo natural de la vida, inquebrantable e imparcial. Transcurre sin detenerse, igual para todos. Causante de vejez y muerte, intransigente conductor al olvido. Muchos somos los que soñamos con algo más allá de la limitación temporal, los que deseamos que nuestro reloj se detenga en un momento preciso y se mantenga impertérrito durante el resto de la eternidad., convirtiéndonos de este modo, en inmortales.

La fuente de la eterna juventud, los vampiros, las manzanas doradas, los dioses. El deseo de no perecer está claramente marcado en la historia de la humanidad, la ansiedad por no desaparecer. El cielo, el mundo espiritual, la reencarnación, el valhala. ¿Y quién no querría vivir para siempre? Por que si hay algo que realmente tememos no es a la muerte, si no a desaparecer.

El único propósito de nuestra vida es encontrar nuestro auténtico yo, aquel que nos hace únicos e inimitables, sólo nosotros, sin alteraciones externas. Pocos consiguen encontrarlo, y la mayoría dedican su vida entera a buscarlo. Porque, a fin de cuentas, ¿qué es lo que nos define? ¿Nuestros actos? ¿Los modales, la apariencia física, el carácter? ¿Nuestro color de piel, los ideales?

¿Y por qué definirnos, limitando nuestro propio espacio, con palabras que sólo consiguen encerrarnos en un espacio delimitado, aislándonos de otros corrales diferentes? ¿Es eso lo que realmente somos? Limitamos nuestra propia existencia, le ponemos barreras y nombres para explicar cómo somos... aunque no siempre seamos así.

Cada uno de nosotros somos un ser único, dejando atrás las limitaciones de las etiquetas que se nos adjudican nada más nacer, empezando por el nombre, nuestra propia complexión física, la economía familiar, y así hasta el infinito. Todo está preestablecido para nosotros, mucho antes de que hubiésemos pisado este mundo, y muchos de nosotros viviremos con esas etiquetas toda nuestra vida, pues la educación que nos dieron siempre será crucial en nuestra vida, seamos conscientes de ello, o no, y el único modo que tenemos de averiguar nuestra propia identidad es dejando al margen todo cuanto sabemos, todo cuanto nos enseñaron, olvidar el lugar del que venimos e incluso al que vamos, dejar la mente en blanco y comprender, que lo único que importa al final, es vivir.

Os diré algo; yo soy sólo yo, al igual que todos. Creo en todo, y no creo en nada. Camino y vuelo a la vez, mi mundo es el vuestro, y a ninguno nos pertenece. No tengo dinero, pero soy rica, y me gusta el sol aunque ame la lluvia. Escucho y hablo al mismo tiempo, me muevo sin moverme, y mi nombre es viento. Escribo lo que siento, pero no lo que pienso. Creo mundos de la nada, y destruyo mis limitaciones. Mi yo es el yo eterno, aquel que vivirá por siempre...

Hasta que me muera.

11 oct. 2012

Un libro es un mundo

Buenas noches, llevo largo rato pensando, y aún no he llegado a la conclusión que acabará por conducirme a la cima.

¿Escribo, o no escribo?


 Escribir un libro es complicado, aún más cuanto más largo es, porque las adversidades son tan numerosas e imprevisibles como las estrellas fugaces en una noche de Agosto. Y la creatividad desaparece cuando menos te lo esperas, dejándote a merced de tu lado crítico, que lo único que hace es despreciar todo cuanto ya has escrito, encontrado la monotonía en tu lenguaje, las repeticiones involuntarias de palabras, que, aunque quisieras, no sabrías sustituir por otras, encontrando la mediocridad en la totalidad del texto que tanto sudor y dolores de cabeza te ha costado escribir. Al menos eso es lo que me ocurre a mí.

Y es que los escritores somos así, nos encanta dedicar el tiempo a transformar nuestros pensamientos en palabras que formen frases coherentes y atractivas, pero lo pasamos mal. Escribir no es sencillo, aunque pueda parecerlo, elaborar una novela de cero no es como escribir una redacción del colegio. La creatividad es lo más importante, y la imaginación debe ir junto a ella, se deben entremezclar formando un torbellino de colores indefinidos que el escritor ha de interpretar para plasmarlo en el papel, haciendo llegar un mensaje nuevo y difirente al mundo. Y plasmar las ideas no es tarea fácil. A veces hay que leer mil veces un párrafo para conseguir escribir otro, y así las páginas se llenan lentamente, como si nuestro cerebro no quisiese desprenderse de las ideas que surgen en él. Entonces, si tanto nos cuesta escribir, ¿por qué lo hacemos? ¿No sería más sencillo pensarlo, y ya está? De este modo nos ahorraríamos muchos quebraderos de cabeza inútiles, muchas frustraciones y bloqueos. Os lo diré. Nos gusta escribir para percibir mejor nuestros propios pensamientos, los mundos que nos gustarían, las aventuras que querríamos vivir y no podemos, o los peligros que jamás desearíamos experimentar, pero que en cierto modo nos atraen inevitablemente a ellos.

Nosotros, los escritores queremos vivir de una forma distinta. Contar una historia, compartir nuestro mundo interior con otras personas, incluso desahogarnos en una hoja en blanco y conseguir que las palabras adquieran un matiz hermoso. Si alguien me preguntara si la escritura es arte, le respondería que sí sin dudarlo. Y es una lástima que la gente ya no quiera leer libros, y se decante por ver la película, citando aquella famosa frase de "una imagen vale más que mil palabras". Eso para mí no es cierto. Una película puede ser estupenda, tener un guión magnífico, pero jamás podrá compararse con la sensación de leer un libro de calidad. Las sensaciones que transmiten las hojas escritas, el olor a imprenta, el tacto rugoso de la celulosa, el chasquido que emiten las cubiertas al abrirlo por primera vez, notar tu imaginación volando por mundos inventados que un escritor supo captar en su mayor expresión, sufrir con los personajes, amar como ellos, reír como ellos, eso, amigos míos, es sentir un libro. Y mientras una película te puede atrapar durante una hora y media, un libro es capaz de hacerlo durante días, e incluso semanas, y al releerlo, descubrirás frases que antes habías pasado por alto, y te sorprenderá de nuevo.

Bueno, necesitaba desahogarme (soy escritora, qué le voy a hacer) Espero que todos vosotros, seais escritores, lectores o peliculeros, veais los libros y a sus autores con ojos nuevos a partir de ahora ;)

9 oct. 2012



Inglaterra, 1728.

Son tiempos difíciles para nosotros, los mortales. Una amenaza azota la ciudad en la oscuridad de las calles londinenses, una amenaza como nunca antes se había visto, peligrosa y despiadada.

Son criaturas fuertes, despiadadas. Su tez mortecina y belleza sobrenatural los camuflan entre nosotros como ángeles caídos del cielo, ángeles sanguinarios. Los vampiros.

Soy Achlys, y estoy enamorada de uno de ellos. Ahora que Emerik ha desaparecido, ellos no se detendrán hasta matarme. Pero he encontrado las Cartas, y conozco su secreto.

Ahora, ya nadie podrá parar mi venganza.
 
   Catarsis Alter Ego, publicado por Visión Libros en el año 2011, está a la venta en el siguiente enlace para todo aquel que desee adquirirlo;

http://www.visionlibros.com/detalles.asp?id_Productos=11202

También está disponible, para quien lo solicite y de forma totalmente gratuita, el primer capítulo del libro, simplemente dejando un comentario y una dirección, yo misma os lo haré llegar de forma inmediata.



24 sept. 2012

Loki

LOKI, DIOS DE LA SUERTE




En Ásgard siempre se oía la misma cantinela: ¡Loki! ¡Oh, Loki, necesito de tu ayuda!

Sí, mi ayuda. Cuando les conviene, soy su mejor aliado, pero, ¿quién se preocupa por lo que Loki necesita? ¿Quién está ahí cuando grita, desgarrado por el dolor tras sufrir una emboscada?

Sin ir más lejos, cuando esos malditos enanos me cosieron la boca. ¿Me lo merecía? Puede. ¿Debí sufrirlo, de todos modos? Rotundamente, no. Pero a nadie en Ásgard le importó que llegase con los labios sangrantes una bonita mañana de primavera. Se burlaron de mí. ¡Incluso Odín me obsequió con unos cuantos chistes malos mientras Thor (Oh, Thor, poderoso dios de los truenos, cuya delicadeza es sólo comparable a su sabiduría) blandía su enorme martillo, mandando un chispazo directo a mi cara!

Sí, el maravilloso Thor al que todos adoran. El hijo perfecto. ¡Ya ni se acuerdan de que quien consiguió su martillo fui yo! Menos mal que nací con una dósis de suerte extra, de lo contrario, a saber dónde andaría ahora.

Desgraciados. Con todo lo que he hecho por ellos. Rescaté a Idún (ni un gracias me dedicó) conseguí la lanza de Odín (éste debió pensar que ya la tenía de antes, pobre viejo, anda mal de la azotea) le regalé a Thor su martillo (como quien dice, si el río no suena, agua no lleva) ¡Incluso me convertí en yegua para…! En fin, eso no viene a cuento. Y ellos ¿qué han hecho por mí? Llamarme embaucador, timador, escoria, piltrafa, liante, mezquino, mentiroso…

Pero están equivocados conmigo. Loki no olvida. Ahora los divinos dioses van a pagar con creces sus insultos, pues he elaborado el asesinato más limpio de la historia… Pobre Bálder. Todos llorarán por él. Pero Loki ni una lágrima va a derramar

23 sept. 2012

Misión

A continuación voy a escribir una historia por capítulos que iré completando cada semana para que todos vosotros podáis disfrutar de él. (Abstenerse de plagiar, que está registrado)

MISION


El paisaje en el exterior parecía desvanecerse sin esfuerzo, dando paso a uno nuevo tras él, como una película proyectada sobre un fondo rectangular y pequeño, una película que no parecía tener fin.

Mientras se removía en aquel asiento sintético por decimoquinta vez en menos de una hora, notó que ambas piernas se le habían dormido y ahora hormigueaban. El constante tintineo de la vía bajo sus pies se había convertido en un incesante traqueteo que, junto con el airado motor del tren, habían conseguido fusionarse y ensordecer el ambiente. Sintió que a penas podía respirar. Frente a ella había una pareja, hablando animadamente sobre las expectativas que tenían para ese fin de semana. Mientras ella elevaba el tono de voz al narrar a su pareja la interminable lista de tareas que podían hacer juntos, él se mostraba callado, y asentía levemente cada vez que ella mostraba su emoción.

Volvió el rostro hacia el paisaje de nuevo, mientras un bosque de espesos y altos chopos se desvanecía tras el marco y aparecía en su lugar una pradera en flor. Quedaba poco trayecto hasta la ciudad. Tenía que prepararse ya.

Con lentitud extrajo del compartimento superior una maleta negra, estrecha y alargada, colocándola cuidadosamente en el asiento contiguo al suyo.

Notó cómo las ruedas del tren rechinaban con estridencia bajo sus pies, creando una vibración alarmante, antes de detenerse por completo. Inspiró hondo un par de veces al tiempo que por su lado las personas se amontonaban en torno a las salidas, repentinamente presurosas. Esperó unos segundos más. El estrecho y largo pasillo se abrió ante ella solitario, el suelo completamente sucio y encharcado, el barro escurriéndose entre las rendijas. Con ambas manos atrapó su melena negra y en un sencillo gesto la ató firmemente en su nuca. Era el momento.

Salió del tren, ya no quedaba nadie en la estación. Sus pasos constantes y regulares rebotaban en el suelo y las paredes blancas, silenciando todo a su alrededor. La maleta permanecía sujeta firmemente en su mano, y desequilibraba su figura a medida que avanzaba por la estación.

En el exterior la lluvia impactaba ahora con fuerza sobre el pavimento de la calle solitaria, descargando toda su furia sobre los escasos viandantes que corrían presurosos en busca de refugio. Ella no tenía paraguas. Dirigió sus pasos con rapidez, tenía poco tiempo.

Al cruzar la calle, no pudo contener un suspiro al contemplar aquella magnífica y enorme edificación que durante tanto tiempo había servido como lugar de culto para millones de personas. Pero sus tiempos de gloria ya habían pasado, había sido sustituida por una Iglesia más moderna que ofrecía muchas más comodidades para los feligreses.

Se quedó allí, casi olvidando para lo que había viajado hasta tan lejos. Las gárgolas, en lo alto de la iglesia la miraban con fijeza. ¿Podían ellas saber a lo que había venido?

Finalmente se decidió a entrar. La puerta de madera rechinó al abrirse, y sus lamentos se extendieron por las tres naves de piedra que conformaban la edificación, retumbando con estridencia en cada esquina.

Sin perder un segundo, se aproximó a las escaleras que se retorcían sobre sí mismas, enclaustradas entre una pared y un pilar de piedra maciza. Subió con determinación la serpenteante senda hasta llegar a lo más alto. Sobre su cabeza, una campana de bronce lucía silenciosa. El tiempo había conseguido que el moho y la oxidación se hubiesen apropiado de su cuerpo. Pero allí seguía encasillada por cuatro poderosos pilares de piedra que delimitaban el campanario.

Pero su mirada no se detuvo en la campana, y ya observaba detenidamente lo que acontecía mucho más abajo, en las calles encharcadas.

“No debo perder el tiempo”, se aseguró, “Puede aparecer en cualquier momento.”

Posó la maleta en el suelo al tiempo que ella misma se sentaba. Abrió los dos cerrojos, primero el de la izquierda. Cogió aire con fuerza mientras las lágrimas se agolpaban en sus ojos y una sonrisa luchaba por salir de sus labios apretados. Tomó el objeto en sus manos y lo observó con detenimiento. Brillaba como un azabache. Se recordó a sí misma que debía actuar deprisa, y lo colocó en la posición correcta mientras ella se recostaba junto a él.

Y, de pronto, allí estaba. El corazón de la chica dio un vuelco en el mismo instante que sus ojos lo captaron y se apresuró a observar por la mira telescópica lo que acontecía allí abajo. Un hombre caminaba con impaciencia por el pavimento mojado, su mirada denotaba impaciencia.

Ella estaba preparada. Intentó calmar su respiración agitada con largas bocanadas de aire mientras el objetivo de la mira perseguía infalible al hombre. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo haciendo que se estremeciera por un instante, mientras luchaba por no sonreír.

El hombre giró su rostro hacia el campanario en el mismo instante en que ella rozó el gatillo.