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28 abr. 2014

CATSTERS Cap.4; Revolucionario.

Tony durmió poco esa noche. Su mente gatuna estaba llena de ideas, posibilidades y planes. Pero ninguno de esos pensamientos parecían llevarle a nada, y cuanto más pensaba en ello más se emocionaba. Las ideas fugaces de darles una lección a las ratas pasaban por su cabeza como rayos, e inexplicablemente, siempre terminaban con él aovillado en el suelo recibiendo mordiscos y zarpazos. Algo sí tenía claro; él solo no sería capaz de enfrentarse a todas las ratas del colegio.

El autobús escolar paró junto a él en la parada y Tony se subió. Los asientos estaban dispuestos del mismo modo que el día anterior; las ratas habían dejado un hueco en los últimos asientos, junto al hijo de Ratoni, especialmente para él. Tony envió una mirada fugaz a los otros gatos del autobús, que permanecían con las orejas echadas hacia atrás y la mirada perdida. Con un suspiro avanzó a través del autobús hasta el asiento libre, donde Ratoni le esperaba con una asquerosa sonrisa en su hocico húmedo. Se sentó a su lado y mantuvo la mirada fija hacia adelante.

--¿Qué tal has dormido, Catony?--se burló la rata--¿Tu mamá te ha dado muchos lametones en las heriditas para que dejaras de llorar?

Tony no respondió. Apretó los dientes con fuerza, tratando de no responder a su provocación. Pero eso no detuvo a Ratoni, y tanto él como la rata que se sentaba al otro lado de Tony comenzaron a golpearle disimuladamente con sus asquerosas colas. El gatito aguantó cada uno de los golpes silenciosos de las ratas mientras éstas se reían disimuladamente y sus bigotes se movían inquietos.

Estando ya en clase, con la profesora Mimí explicando y apuntando cosas en la pizarra, Tony desviaba la mirada hacia sus camaradas gatunos que permanecían con la mirada fija en la pizarra, atravesándola. Las ratas por su parte se dedicaban a reírse y hablar animadamente ignorando por completo lo que la profesora estaba explicando, y tirando de cuando en cuando bolas de papel a Tony, pero él estaba decidido a aguantar lo que hiciera falta hasta que llegase el recreo. El corazón se le contrajo al recordar lo ocurrido el día anterior y un escalofrío recorrió su cuerpo desde la punta de las orejas hasta el extremo de su cola. Con ansiedad observó el reloj que colgaba sobre la pizarra y que indicaba que aún quedaban treinta largos minutos hasta que sonara el timbre que lo dejaría salir al patio.

Tony trató de concentrarse en las palabras de Mimí con todas sus fuerzas; estaba hablando sobre la historia de las ratas allá por la Edad Media, cuando casi habían conseguido apropiarse del mundo entero. Claro que, teniendo en cuenta que las palabras de la profesora estaban condicionadas por Ratoni, el gatito no fue capaz de darle una veracidad completa a los relatos de Mimí.

Al fin, sonó el timbre y como una orda las ratas se levantaron al mismo tiempo y se arrastraron con rapidez entre los pupitres hacia la puerta por la que salieron en tropel. Como siempre, los dos gatos y Tony salieron los últimos de clase y sin demasiadas ganas al oír el ajetreo que las ratas estaban montando en el pasillo.

En el patio las ratas correteaban libremente persiguiendo pelotas de fútbol y mordisqueando las patas de las que se cruzaban en su camino. Tony observó con atención a todas y cada una de las ratas, inspeccionando si alguna de ellas se había percatado de su presencia, pero todas parecían distraídas.

Un momento... ¿Y Ratoni? ¿Dónde estaba esa rata desaliñada? Tony buscó a conciencia entre las ratas a aquella que consideraba su mayor enemiga, pero los ojos negros e inexpresivos de Ratoni no parecían encontrarse entre los miles de roedores.

Y de pronto, le vio. Ratoni, con su grupito de ratas habían formado un pequeño corro alrededor de los cinco gatos del colegio, que permanecían con las orejas agachadas mientras sus colas se iban erizando gradualmente. Tony se acercó con cautela a ellos.

-- ¿Qué os parece, gatitos?--decía Ratoni-- Podríamos llegar a aceptaros en nuestro club si os afeitáis las colas. Sería mucho mejor para vosotros estar de nuestro lado, creedme. Estarías protegidos, no tendríais nada que temer. ¿Qué me decís?

Ratoni se acercó a la gatita y sus bigotes rozaron el hocico de ella, que arrugó la nariz pero no se movió. Tony sintió un impulso incontrolable de valentía y se acercó con decisión a las ratas que mantenían acorralados a sus camaradas gatunos.

--Déjalos en paz, Ratoni.

La rata volvió su mirada húmeda hacia Tony y meneó los bigotes mientras reía atronadoramente.

--Vaya, si ha venido el revolucionario para salvar a sus congéneres. Qué tierno--se volvió hacia los gatos y con tono de voz oscuro apremió:--¡Elegid! Es vuestra última oportunidad para  uniros a mí y obtener mi protección. ¿O preferís quedaros con el gatito Catony?

Se hizo el silencio. Tony observó las miradas perdidas de los gatos, con las pupilas muy dilatadas por el miedo y las colas escondidas entre las patas.

--¿Qué dices, gatita? ¿Te vienes con nosotros?

-- Déjala en paz--gritó Tony mientras su cola multiplicaba su tamaño habitual y el pelaje de su lomo se erizaba.

La gata miró aterrorizada el semblante de Tony. Ratoni esbozó una sonrisa siniestra en su hocico justo antes de agarrar con fuerza una de las orejas de la gata y obligarla a agacharse. Ella emitió un maullido lastimoso que retumbó en todo el patio. Tony se preparó para atacar si fuese necesario, esperando que el resto de gatos le ayudase a rescatar a la gatita.

--Que elija ella--retó la rata.

Tony observó impotente cómo Ratoni mantenía bien sujeta a la gata y le retorcía la oreja con su asquerosa pata. Uno de los gatos se acercó un paso a la rata, con las orejas hacia atrás y la cola entre las patas.

-- ¡Nos iremos contigo, Ratoni, pero suelta a Lily, por favor!

-- A partir de ahora acataréis mis normas y me seguiréis como vuestro líder, ¿entendido?

--Entendido--dijeron todos los gatos al unísono

-- No se os permite hablar con Catony. Una sola mirada y seréis castigados.

--Entendido--repitieron.

Ratoni soltó la oreja de Lily y se marchó con sus secuaces mientras los gatos hacían corro en torno a ella para asegurarse de que estaba bien.

Tony se acercó a ellos cuando estuvo seguro de que Ratoni se había marchado.

-- ¿Por qué os habéis rendido tan fácilmente? Entre todos habríamos podido con...

--Cállate--susurró Lily acariciando su oreja dolorida con la pata-- No nos causas más que problemas. No vuelvas a hablarnos.

Y sin decir más, los cinco gatos caminaron lentamente hacia el interior del colegio, dejando a Tony solo, tal y como quería Ratoni. El gatito cerró los ojos e inspiró hondo, sintiendo que sus esperanzas de cambio se precipitaban al más hondo de los pozos al perder el apoyo de sus congéneres.




24 feb. 2014

CATSTERS Cap3; Mami, las ratas se meten conmigo

Tony entró en casa y tiró con decisión la mochila contra la pared. Le dolía todo el cuerpo. La profesora Mimí lo había llevado a la enfermería para que pudieran curarle las heridas y ahora tenía un montón de tiritas y vendas distribuidas por todo el cuerpo.

Su madre, sorprendida por el ruido de la mochila al caer, apareció en lo alto de las escaleras y sus ojos observaron atónitos el estado de su cachorrillo mientras la cola comenzaba a menearse sin control.

-- Tony, ¿qué te ha pasado?

El gatito miró a su madre y echó las orejas hacia atrás.

-- Nada.

-- ¿Nada?--repitió alterada.

Tony resopló y caminó cojeando hasta el salón para dejarse caer en el sofá y acurrucarse. El colegio no era lo que él había pensado, y hacer amigos parecía algo imposible en aquel lugar infestado de ratas que le odiaban. ¿Por qué le odiaban? En ningún momento había insultado a Rosco Ratoni, simplemente había defendido el honor de su padre.

Su madre se sentó junto a él y comenzó a ronronear. Eso siempre conseguía calmar a Tony, el ronroneo de su madre era suave y melódico, y cuando era más pequeño le había ayudado a conciliar el sueño las noches que tenía pesadillas.

-- Cuéntame qué ha pasado, Tony--pidió con suavidad.

Tony suspiró y se apretujó contra su madre con las orejas hacia atrás.

-- Unas ratas me han pegado.

-- ¿Por qué?

El cachorro desvió la mirada con odio, recordando cómo la profesora Mimí hablaba sobre su padre.

-- Por defender el honor de papá.

Su madre guardó silencio por un instante, pero continuó con el ronroneo que calmaba tanto a su cachorrillo y con suavidad acarició su pelaje salpicado de vendas. Había temido que ocurriría algo así cuando le llegase el momento de ir a la escuela y cruzarse en el camino de las ratas, ella sabía que en esos momentos el apellido Catony era una maldición para su indefenso cachorro.

-- Papá era un buen gato--dijo su madre con suavidad--pero eso debe quedar sólo en nuestros pensamientos, Tony. Recuerda que quien manda ahora es quien le mató.

El gatito miró a su madre con tristeza y se acurrucó junto a ella.

-- La profesora Mimí dijo que papá había atacado por la espalda a Rosco, como si fuese un tramposo--Tony hizo una pausa y con voz suave prosiguió-- ¿Qué pasó en realidad, mami?

La gata inspiró profundamente y cerró los ojos un segundo. Sabía que tarde o temprano su cachorro le haría aquella pregunta, y que ella tendría que contestarla, por más que le doliera recordar aquel trágico día, por más que intentara proteger a su pequeño de la verdad. 

-- Había comenzado la guerra de familias--empezó su madre, mirando a un punto fijo de la pared-- y las calles eran más peligrosas que nunca. Nosotros siempre tuvimos guardaespaldas que facilitaban nuestra seguridad, pero eran tiempos complicados. Tú sólo eras un bebé, aún no habías abierto tus pequeños ojitos. Un día llegó un amigo de tu padre con una carta urgente que debía llegar cuanto antes a la familia Persari, nuestros primos más cercanos, ya que necesitábamos toda la ayuda posible. Me confió la carta a mí ya que Anthony había salido con unos cuantos gatos más para sofocar un ataque de los Ratoni--calló por un instante y su gesto se endureció--Las ratas sabían que era una carta para pedir ayuda, y habían seguido al amigo de tu padre hasta nuestro hogar. Él se enfrentó a las ratas mientras nos daba tiempo para escapar. Te cogí con los dientes y salí por la puerta de atrás rápidamente, buscando un lugar donde ocultarnos. Zigzagueé entre las calles con rapidez, sintiendo la presencia de las ratas tras nosotros. Y entonces me llegó el olor de las ratas que esperaban al final de aquel estrecho callejón para acorralarnos. Sólo tenía unos pocos segundos y sin pensarlo dos veces te oculté tras unas cajas de cartón. Al poco rato, las ratas que nos perseguían me habían dado alcance y las que aguardaban al final de la calle también. Después de que me preguntaran por la carta y me negase a dársela se abalanzaron contra mí y peleamos. Consiguieron herirme varias veces y yo me deshice de dos de ellas que salieron chillando en busca de ayuda. Pero eran demasiadas. Consiguieron inmovilizarme en el suelo y entonces llegó Rosco. 

"-- ¿Qué tenemos aquí?--había dicho Rosco-- ¡Si es la gatita de Catony! ¡Qué sorpresa se va a llevar ese gato cuando vea que estás en mi poder!"

"-- Si crees que usando ese tipo de chantaje vas a conseguir que se rinda estas muy equivocado, Ratoni--contesté yo."

"--Ya veremos. Pero antes debemos hacerle llegar el mensaje de que ahora eres de mi propiedad. Rati, córtale la cola y envíasela a su querido Anthony."

"Una de las ratas se acercó con una sonrisa asquerosa en el hocico, enseñándome intencionadamente los dientes con los que pensaba roer mi cola hasta separarla de mi cuerpo.Bufé con energía y me revolví en el suelo, pero debía tener encima al menos a siete ratas que se ocupaban de impedirme escapar. Y cuando la rata comenzó a morderme la cola me revolví y lancé un maullido de dolor al aire. Temí que mis gritos te alertaran y comenzaras a maullar, de modo que aguanté el dolor sin emitir sonido alguno, deseando ante todo que no te encontrasen a ti. "

"En ese momento llegó tu padre con unos cuantos gatos más, que se avalanzaron directamente sobre las ratas que me estaban atacando, dejando que Anthony se enfrentara con Rosco."

"-- Has llegado antes de los esperado Catony--rumió Rosco con desprecio--Pero estoy preparado."

"Los gatos consiguieron liberarme de las ratas y las persiguieron en su huida mientras tu padre se mantenía firme ante Rosco, preparado por si le atacaba. Entonces, en los tejados sobre nosotros aparecieron cientos de ratas, y comprendí que lo que Rosco quiso desde el principio fue que Anthony acudiese a ese lugar."

"Tu padre me miró, comprendiendo lo que pasaría a continuación. Con una simple mirada me preguntó por ti, y le respondí desviando la mirada hacia las cajas de cartón donde te había ocultado de la vista de las ratas. Nunca olvidaré la melancolía con la que Anthony me miró en ese momento, con la pena inscrita en sus ojos."

"-- Márchate Celine, salvaos."

"Las ratas comenzaron a descender del tejado y se lanzaron contra tu padre, que se revolvió contra ellas impidiendo que llegasen hasta mí. Con rapidez te cogí de las cajas de cartón y comencé la huida, saliendo de aquel callejón, y volví la mirada atrás una última vez para ver cómo tu padre daba su vida por salvarnos a nosotros dos."

Tony había escuchado la historia con atención y no se había dado cuenta de que las lágrimas caían por sus ojos mojando su pelaje pardo. Su padre no sólo no era un cobarde, si no que había sido un héroe entregando su vida para defender a los suyos. 

-- Tony--llamó su madre con tono serio-- Es importante que no hables de esto con nadie. ¿Me lo prometes?

El gatito asintió varias veces con su cabeza y sintió una punzada de dolor en el corazón al darse cuenta de que nadie jamás sabría lo que realmente hizo su padre por ellos.

-- No te metas con las ratas y obedece a tu profesora mañana, no contradigas nada de lo que digan--le dio un lametón en las orejas y le sonrió--Ahora ve a jugar a tu cuarto antes de cenar.

****************************

Celine subió las escaleras y se asomó al cuarto de su hijo. Allí estaba Tony, jugando tranquilamente con un ovillo de lana haciéndolo rodar entre sus patas. Celine sonrió. Esperaba que al menos saber la verdad calmase a su hijo y al mismo tiempo le ayudase a ser precavido con las cosas que decía. No quería que temiera a las ratas, pero debía aprender a no responder ante sus provocaciones para evitar conflictos. Suspiró y volvió a bajar las escaleras para preparar la cena.

Cuando Tony oyó los pasos de su madre descendiendo la escalera dejó el ovillo en el suelo y se acercó hasta la ventana, observando fijamente a las ratas que pasaban por la calle arrastrando sus colas desnudas por el suelo. Si algo tenía claro era que no pensaba dejarse pisar por ellas más tiempo.




20 feb. 2014

CATSTERS cap2; Mi padre no era un cobarde

--Buenos días, alumnos--saludó la profesora, una gata vieja con el pelaje apagado y despeluchado, con una oreja tiesa y la otra semicaída--Hoy, al ser el primer día de clase, vamos a dedicarlo a conocernos un poco. Soy Mimí, y seré vuestra profesora este año gracias al señor Ratoni y su amabilidad--la gata vieja cerró los ojos por un instante y agachó la cabeza en un gesto de respeto.


Tony se había sentado en la última fila y había recogido la cola alrededor de sus patas, pero no podía evitar que el extremo se moviese inquieto de un lado para otro. Estaba nervioso. Desde su posición podía ver a todas las ratas de su clase cuchicheando sin ningún respeto hacia la profesora. Veía cómo se movían sus bigotes con rapidez a medida que roían hojas de papel o las esquinas de sus pupitres, escuchaba el sonido desquiciante de sus dientes mordisqueándolo todo, pero ante todo no soportaba el brillo de sus ojos negros, que se volvían de vez en cuando para observarle.



Pero también podía ver a sus dos camaradas, la gatita y uno de los gatos del autobús. Estaban sentados en la segunda fila de pupitres, uno junto al otro y mantenían las orejas gachas.



-- Hoy os hablaré de nuestra historia--continuó la profesora Mimí--En este pueblo, antes conocido como Gatera, habitaban únicamente los gatos, y las ratas habían sido relegadas a un segundo puesto. La familia más importante de los gatos era la familia Catony, que los lideraba con mano férrea y expulsó a las ratas de la ciudad, obligándolas a vivir en el alcantarillado. Por otro lado tenemos a la familia que lideraba a las pobres ratas, los Ratoni, que cansados de vivir en la inmundicia a la que les había empujado la familia Catony se revelaron y lucharon por sus derechos. Hubo una larga confrontación entre las dos familias hasta que al final, los líderes se encontraron. Anthony Catony de lado de los gatos, Rosco Ratoni de lado de las ratas. A pesar de que Catony era mucho más grande, eso no empequeñeció el coraje de Ratoni y se enfrentó a él. El gato se aprovechó de su ventaja y asestó muchos zarpazos a Ratoni, pero Rosco era más inteligente y, aunque Catony no luchaba limpio, consiguió inmovilizarlo en el suelo--las ratas observaban atentamente a la profesora Mimí mientras explicaba--Ratoni dio dos opciones a su contrincante. Podía marcharse de la ciudad, o quedarse y abdicar de su posición como líder. Y Catony, con su malicia, decidió marcharse de la ciudad. Rosco lo aceptó y le dio la espalda, dispuesto a dejarle ir, pero el malvado gato saltó sobre su espalda decidido a atacarle de nuevo. El mejor amigo de Rosco, Rati, se interpuso entre éste y el gato, dando su vida por defenderlo. Entonces, Rosco, con lágrimas en los ojos al ver caer a su mejor amigo mató a Catony como venganza.  Después de los altercados el nombre de la ciudad fue cambiado por Ratonia, los gatos que no quisieron permanecer bajo el mandato de Ratoni se marcharon de la ciudad, y Rosco fue benevolente con quienes optaron por quedarse. Y gracias a este gran líder vivimos ahora en paz.



-- Todo eso es mentira.



Tanto la profesora como las ratas se quedaron mirando a Tony, que se había levantado sobre sus patas y mantenía las orejas hacia atrás y la mirada fiera.



-- ¿Qué quieres decir, cachorrillo?--preguntó la profesora con retintín.



-- Soy Tony Catony, hijo de Anthony Catony, y mi padre no era ningún cobarde que atacaría por la espalda. Mi padre era un gran líder.



Mimí echó las orejas hacia atrás ante las sorpresa y observó con atención al cachorro con sus ojos ambarinos. Acto seguido meneó la cola y entrecerró los ojos.



-- No importa que seas su hijo, eso es lo que pasó y tu nombre ya no significa nada. Y no deberías menospreciar a quien es tu líder ahora, menos aún cuando te permite vivir en su ciudad, gatito maleducado, tu mamá debería darte unos cuantos zarpazos para que aprendas.



Tony se sentó de mala gana y escuchó el resto de la palabrería de la profesora mientras dejaba a su padre como si fuese un tramposo sin honor.



Al llegar el recreo, el gatito sacó de su mochila un cuenco con sardinas que su madre le había preparado y salió al patio para disfrutarlas. Hacía mucho sol, y al salir pudo ver a todas las ratas corriendo por el patio empujando pelotas con el hocico y arrastrando la cola desnuda por el suelo. No pudo evitar sentir un escalofrío al ver aquello. Al otro lado del patio observó que estaban sus compañeros gatos, cinco en total contando los de las demás clases, en un corrillo estrecho y sin moverse a penas. Con calma se acercó a ellos.



Entonces un grupo de ratas se interpusieron en su camino y de 

un manotazo tiraron el almuerzo de Tony.


-- ¿Dónde crees que vas, Catony?--tanteó una rata, a la que Tony pudo reconocer. Era Ratoni, el que le había obligado a sentarse con él en el autobús.



Tony echó las orejas hacia atrás mientras las ratas le rodeaban y le obligaban a retroceder hacia una esquina, lejos de la mirada de los demás compañeros o los profesores.



-- Creo que en clase has insinuado que mi padre, Rosco, es un mal líder. ¿Crees que es un mal líder?--continuó la rata, moviendo impetuosamente los bigotes.



-- Sólo sé que mi padre no era un cobarde--respondió Tony.



-- ¡Mirad! ¡Sigue teniendo valor para contestar!--se burló Ratoni--Creo que necesita una lección, chicos, este gato no sabe cual es su lugar.



El cerco que habían creado alrededor de Tony se fue estrechando y el gatito bufó con fuerza como advertencia. Entonces las ratas se abalanzaron sobre Tony, arañándole y mordiéndole. Él se retorció gruñendo y dando zarpazos a diestro y siniestro, pero eran muchas. Sintió sus afilados dientes rasgando su piel, sus zarpas arañándole, y de pronto todo se detuvo.



-- ¡Dejazlo! ¡Ahora mismo!



Las ratas se apartaron del cuerpo magullado de Tony ante la presencia de la profesora Mimí y se alejaron entre risas y jolgorios con el resto de los alumnos en el patio. La profesora Mimí ayudó a Tony a levantarse y evaluó el estado de las heridas que sufría.



-- Gatito tonto, ¿cómo te metes con las ratas? ¡Y con el hijo de Ratoni, ni más ni menos! Harías bien en agachar las orejas y cerrar el hocico si sabes lo que te conviene.


19 feb. 2014

CATSTERS cap1; Anthony Catony

El pequeñín abrió sus ojos verdes y bostezó cuando su mamá le lamió las orejas, como hacía cada día, con ternura. Era un gatito pardo, pequeño para la edad que tenía, y sus ojos inquietos relucían de curiosidad. Se estiró sobre el mullido cojín donde dormía mientras su mamá terminaba de acicalarle.

-- ¿Qué tal está mi pequeñín?--preguntó su mamá-- Hoy es tu primer día en la escuela, ¿tienes ganas de aprender mucho?

Al pequeño gatito se aceleró el corazón de emoción, había esperado este día durante mucho tiempo, la noche anterior había fantaseado con su primer día en clase, ardía en deseos de sacar su estuche nuevo y escribir todo lo que la profesora le dijera en su impecable cuadernillo.

Sin poder resistirlo más, saltó sobre su madre y apretó sus patitas alrededor de su cuello mientras le mordisqueaba las orejas.

-- ¡Quiero ir al cole mami, quiero ir! ¿Vamos ya? ¡Porfi!

-- Primero hay que desayunar, Tony, tómate tu vaso de leche.

El gatito bajó corriendo las escaleras y sacó rápidamente la leche de la nevera. Echó un poco en un cuenco y comenzó a darle lametazos, salpicándose los bigotes. Mamá entró en la cocina y colocó sus patas blancas en jarras.

-- Tony, esos modales--reprimió a su cachorro--Recuerda lo que decía tu padre; ante todo hay que tener educación.

El gatito agachó las orejas ante el recuerdo de su padre. Le echaba tanto de menos. Habían pasado ya dos años desde que muriese, pero Tony recordaba perfectamente a su padre. Fue un gato de pelaje azulado con unos ojos azules que siempre inspiraban temor a los demás gatos, pero que para Tony sólo tenían ternura. Recordaba el modo en que su padre le arropaba por las noches contándole cuentos de Gángsters hasta que comenzaba a ronronear y se quedaba profundamente dormido. 

Su mamá se acercó a él y le entregó la mochila roja donde llevaba los cuadernos y los lapiceros.

-- No querrás llegar tarde a tu primer día de clase, ¿no?--le guiñó un ojo.

Tony cogió la mochila y con rapidez saltó para darle un beso a su madre en la mejilla peluda antes de salir por la puerta con rapidez.

-- ¡Adiós, mami! 

La puerta se cerró y mamá vio por la ventana a su pequeño cachorro correr hacia el autobús del colegio con alegría. Suspiró y se sentó en la mesa de la cocina, sin poder quitar la mirada de su querido hijo. Una lágrima escapó de sus ojos verdes.

-- Oh, Anthony, ¿qué puedo hacer?

                               ***************************

Tony subió las escalerillas del autobús y le tendió al gato conductor su tarjeta de viaje. Éste la ojeó, selló y se la entregó con rapidez, sin mirarlo siquiera a la cara. El gatito caminó lentamente por el pasillo, advirtiendo aquel olor que tan malos recuerdos le traía. Al observar a sus compañeros de escuela, comprobó que en las primeras filas había un par de gatitos y una gatita que probablemente tendrían su misma edad, pero el resto de asientos, tal y como su olfato le había advertido, estaba infestado por las ratas. ¿Por qué había tantas? Hablaban a gritos entre ellas, e incluso tiraban bolas de papel a los gatos que estaban sentados en las primeras filas, que se encogían en sus asientos tratando de pasar desapercibidos. 

-- ¡Mirad! ¡Otro gato despeluchado!--dijo una de las ratas señalando con su asquerosa pata a Tony-- ¡Este año nos vamos a divertir mucho!

Tony no pudo evitar echar las orejas hacia atrás y sentirse empequeñecer. Con ojos presurosos buscó a tientas un asiento cercano a los otros gatos y lo más lejos posible de las ratas, pero las ratas fueron más rapidas. Una se sentó con rapidez junto a la gata de la primera fila, dejando un asiento libre en la última fila del autobús.

-- Ven, siéntate aquí--le apremió otra rata, tocando repetidamente el asiento vacío. 

-- Vamos, chico, sientate--apremió el conductor en un susurro, más temeroso que apremiante. 

El pequeño gato obsevó a sus camaradas en busca de apoyo, pero los otros gatos se limitaron a bajar la mirada y parecer invisibles. 

-- ¿No me has oído? He dicho que te sientes aquí--enfatizó la rata.

Tony tomó aire y comenzó a avanzar por el autobús, sintiendo las miradas de todas las ratas pegadas en él, cuchicheando entre ellas y señalándole con una sonrisa malvada en sus hocicos.  Finalmente llegó a la ultima fila y se sentó junto a la rata, que estalló en carcajadas al instante. 

-- Pareces asustado--se rió-- ¿Cómo te llamas, gatito?

-- Anthony Catony.

Las Ratas quedaron en silencio de repente y el autobús frenó con estridencia a la entrada del colegio. Todos miraban a Tony, incluso los gatos que hasta entonces habían estado ignorando su presencia se volvían ahora sobre sus asientos para observarle. El pelo de las ratas que le miraban parecía haberse erizado ligeramente mientras lo miraban con odio. Entonces, la rata que lo había obligado a sentarse ahi pasó una de sus patas por los hombros de Tony.

-- Chico, no sabes dónde te has metido. Yo soy Ratoni, y voy a hacer de tu vida un infierno. 



Continuará