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13 nov. 2012

Cuando un libro termina

Las ideas vuelan por la cabeza del escritor, a veces sin sentido del tiempo o el espacio, pero claramente decididas a ser plasmadas en palabras. Pasa mucho tiempo hasta que el escritor se decide a escribir sobre esa idea, a veces por miedo, otras por no estar a la altura de sus propias expectativas, y en algunas ocasiones porque la idea sigue sin estar demasiado clara en su cabeza. El instante en que comienza la primera frase suele ser decisivo. Quiere plasmarlo como lo siente, quiere emocionar y conectar al lector con la historia, quiere involucrarse él mismo y sufrir o reír con los personajes que poco a poco van tomando forma. Y así, el reto de la novela comienza.

 Cuando las páginas vuelan, la mente del escritor se desvanece, y sólo es capaz de imaginar qué ocurrirá a continuación como si él mismo lo estuviese viviendo, cuando siente el peligro del personaje, sus dedos vuelan escribiendo las palabras que transmitan esa sensación, cuando está contento, sonríe al presionar las teclas. Como si su propia vida se hubiese desvanecido, se entrega completamente a su escrito, y el tiempo a su alrededor parece desaparecer. El libro va tomando forma.

Y entonces, cuando más involucrado está con la historia, cuando sus sentimientos están tan conectados a los de los personajes que ya ni siquiera puede hayarse a sí mismo, el autor debe terminar la historia. ¿Cómo poner el punto y final a una novela? Después de superar todos los obstáculos que encontró en su camino, después de haber perdido la noción del tiempo y el espacio a su alrededor, después de sufrir y luchar con los persojanes para conseguir superar las adversidades... ¿Cómo decirle adiós a ese mundo inventado que tanto le ha llenado, que tantas aventuras le ha hecho vivir?

Cuando el autor escribe la última frase, lo hace con tristeza. Observa el último punto y el resto de la página en blanco, sabiendo que no será llenada. La historia terminó, y para bien o para mal, los personajes vuelven a quedar prisioneros entre las hojas de la novela. Una sensación de vacío inunda el interior del escritor al saber que la aventura que creó ya ha terminado. Las posibilidades casi ilimitadas que tuvo en su pensamiento ahora quedan confinadas entre las páginas escritas.

Pero el autor no es egoísta. Algo en su interior lo empuja a que se lo lleve a sus amigos para que también ellos disfruten de las aventuras que él vivió con tanta intensidad con los personajes de la novela. Y así, la historia, vuelve a la vida de nuevo.

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