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19 feb. 2014

CATSTERS cap1; Anthony Catony

El pequeñín abrió sus ojos verdes y bostezó cuando su mamá le lamió las orejas, como hacía cada día, con ternura. Era un gatito pardo, pequeño para la edad que tenía, y sus ojos inquietos relucían de curiosidad. Se estiró sobre el mullido cojín donde dormía mientras su mamá terminaba de acicalarle.

-- ¿Qué tal está mi pequeñín?--preguntó su mamá-- Hoy es tu primer día en la escuela, ¿tienes ganas de aprender mucho?

Al pequeño gatito se aceleró el corazón de emoción, había esperado este día durante mucho tiempo, la noche anterior había fantaseado con su primer día en clase, ardía en deseos de sacar su estuche nuevo y escribir todo lo que la profesora le dijera en su impecable cuadernillo.

Sin poder resistirlo más, saltó sobre su madre y apretó sus patitas alrededor de su cuello mientras le mordisqueaba las orejas.

-- ¡Quiero ir al cole mami, quiero ir! ¿Vamos ya? ¡Porfi!

-- Primero hay que desayunar, Tony, tómate tu vaso de leche.

El gatito bajó corriendo las escaleras y sacó rápidamente la leche de la nevera. Echó un poco en un cuenco y comenzó a darle lametazos, salpicándose los bigotes. Mamá entró en la cocina y colocó sus patas blancas en jarras.

-- Tony, esos modales--reprimió a su cachorro--Recuerda lo que decía tu padre; ante todo hay que tener educación.

El gatito agachó las orejas ante el recuerdo de su padre. Le echaba tanto de menos. Habían pasado ya dos años desde que muriese, pero Tony recordaba perfectamente a su padre. Fue un gato de pelaje azulado con unos ojos azules que siempre inspiraban temor a los demás gatos, pero que para Tony sólo tenían ternura. Recordaba el modo en que su padre le arropaba por las noches contándole cuentos de Gángsters hasta que comenzaba a ronronear y se quedaba profundamente dormido. 

Su mamá se acercó a él y le entregó la mochila roja donde llevaba los cuadernos y los lapiceros.

-- No querrás llegar tarde a tu primer día de clase, ¿no?--le guiñó un ojo.

Tony cogió la mochila y con rapidez saltó para darle un beso a su madre en la mejilla peluda antes de salir por la puerta con rapidez.

-- ¡Adiós, mami! 

La puerta se cerró y mamá vio por la ventana a su pequeño cachorro correr hacia el autobús del colegio con alegría. Suspiró y se sentó en la mesa de la cocina, sin poder quitar la mirada de su querido hijo. Una lágrima escapó de sus ojos verdes.

-- Oh, Anthony, ¿qué puedo hacer?

                               ***************************

Tony subió las escalerillas del autobús y le tendió al gato conductor su tarjeta de viaje. Éste la ojeó, selló y se la entregó con rapidez, sin mirarlo siquiera a la cara. El gatito caminó lentamente por el pasillo, advirtiendo aquel olor que tan malos recuerdos le traía. Al observar a sus compañeros de escuela, comprobó que en las primeras filas había un par de gatitos y una gatita que probablemente tendrían su misma edad, pero el resto de asientos, tal y como su olfato le había advertido, estaba infestado por las ratas. ¿Por qué había tantas? Hablaban a gritos entre ellas, e incluso tiraban bolas de papel a los gatos que estaban sentados en las primeras filas, que se encogían en sus asientos tratando de pasar desapercibidos. 

-- ¡Mirad! ¡Otro gato despeluchado!--dijo una de las ratas señalando con su asquerosa pata a Tony-- ¡Este año nos vamos a divertir mucho!

Tony no pudo evitar echar las orejas hacia atrás y sentirse empequeñecer. Con ojos presurosos buscó a tientas un asiento cercano a los otros gatos y lo más lejos posible de las ratas, pero las ratas fueron más rapidas. Una se sentó con rapidez junto a la gata de la primera fila, dejando un asiento libre en la última fila del autobús.

-- Ven, siéntate aquí--le apremió otra rata, tocando repetidamente el asiento vacío. 

-- Vamos, chico, sientate--apremió el conductor en un susurro, más temeroso que apremiante. 

El pequeño gato obsevó a sus camaradas en busca de apoyo, pero los otros gatos se limitaron a bajar la mirada y parecer invisibles. 

-- ¿No me has oído? He dicho que te sientes aquí--enfatizó la rata.

Tony tomó aire y comenzó a avanzar por el autobús, sintiendo las miradas de todas las ratas pegadas en él, cuchicheando entre ellas y señalándole con una sonrisa malvada en sus hocicos.  Finalmente llegó a la ultima fila y se sentó junto a la rata, que estalló en carcajadas al instante. 

-- Pareces asustado--se rió-- ¿Cómo te llamas, gatito?

-- Anthony Catony.

Las Ratas quedaron en silencio de repente y el autobús frenó con estridencia a la entrada del colegio. Todos miraban a Tony, incluso los gatos que hasta entonces habían estado ignorando su presencia se volvían ahora sobre sus asientos para observarle. El pelo de las ratas que le miraban parecía haberse erizado ligeramente mientras lo miraban con odio. Entonces, la rata que lo había obligado a sentarse ahi pasó una de sus patas por los hombros de Tony.

-- Chico, no sabes dónde te has metido. Yo soy Ratoni, y voy a hacer de tu vida un infierno. 



Continuará

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